domingo, 25 de diciembre de 2022
10) Diciembre 2022. Lo que dejó el Mundial qatarí y campeón la Argentina. Notas de Carlos Aira y demás
Qatar 2022: un Mundial grabado a fuego y un aviso de lo que se viene
Por Nicolás Podroznik
Gonzalo Montiel ya cruzó el remate. Lloris al otro lado. Un grito único: ¡Argentina campeón del mundo! ¡Esa copa que tanto deseamos por fin es nuestra! ¿Cómo no pensar en Diego y en la alegría que hubiese tenido viendo a Lio campeón? Un pueblo luchador y esperanzado volcado para festejar en las calles, rendido a los pies de un equipo de laburantes comandados por el mejor jugador del mundo y conducidos por un entrenador que aún campeón de América fue cuestionado hasta días antes del Mundial. Pero amén de la alegría que supuso la conquista de la Copa, hubo un torneo que merece la pena ser analizado.
Empecemos por el campeón. La Selección Argentina demostró que es la mejor del mundo, en todo sentido. Futbolísticamente fue superior en todos los partidos, excepto en la derrota frente a Arabia Saudita, en la que fue presa de los nervios ante un rival que la sacó de sus casillas. A Polonia y a Croacia les dio un baile memorable, al igual que a Francia en el primer tiempo de la final. No obstante, al equipo de Lionel Scaloni le queda por corregir un ítem importante: el cierre de los partidos. Se sufrió en Octavos, Cuartos y en la mismísima final. Aun así, esto permite también resaltar una de las claves del éxito argentino. Tras la derrota en el primer encuentro, Argentina jugó seis finales en las que una derrota los sacaba del torneo. Con aplomo y paciencia, el equipo sostuvo la frente en alto y nunca se cayó anímicamente, ni siquiera ante empates agónicos como el de Países Bajos o el de Francia. La frutilla del postre fue ganarle al campeón del mundo en la final. Nada menos.
Los Lioneles de Rosario fueron los puntales de un equipazo. Messi fue figura en cinco de los siete encuentros, jugando sin duda el mejor de sus mundiales y rompiendo marcas que parecían lejanas, como las de máximo participante en juegos de un Mundial (26, superando a Lothar Matthaus) y máximo goleador argentino en Copas del Mundo, superando a Gabriel Batistuta. Scaloni -y todo su cuerpo técnico- hicieron una revolución pocas veces vista, reestructurando las bases de la Selección: jugando un fútbol intenso pero asociado, de presión pero también de contragolpe, el de Pujato invocó aquello que es más cercano a cada uno de nuestros domingos. Además, encontró los intérpretes para hacerlo, desde el arco hasta el área rival. Dibu Martínez demostró ser uno de los mejores del mundo. Cuti Romero fue un central de dientes apretados y salida clara. Nahuel Molina demostró porqué fue una de las gratas sorpresas. Ejemplos que sirven para también indicar que Scaloni no se casa con nadie. Los ingresos de Enzo Fernández, Alexis MacAllister y Julián Alvarez fueron fundamentales para la remontada futbolística. Párrafo aparte para otro rosarino: Angel Di María. Fideo no pudo participar tanto como quiso, pero se guardó para la final y tuvo una hora de fútbol descomunal, provocando el penal del primer gol y convirtiendo uno de los mejores goles de Argentina en la historia de los mundiales.
El subcampeón fue la Francia de Didier Deschamps. Un equipo peligrosísimo, que parece adormecido pero que, si se despierta, te la manda a guardar. Tuvo a Griezmann y a Mbappé como grandes figuras, pero el rubio del Atlético Madrid fue opacado por un gran MacAllister en la final. Ahora bien: el delantero del PSG demostró que es un arma casi infalible. Tocó muy pocas pelotas, pero aun así convirtió tres goles y pudo haber convertido más de no ser por la intervención de la defensa argentina. Los galos seguramente tengan mucho qué decir el próximo mundial.
La sorpresa mayúscula sin dudas fue Marruecos. Otro equipo que parecía salido de cualquier domingo de fútbol argentino. Orden, sacrificio y siempre intentar jugar. El cansancio y las lesiones no le permitieron pelearle a Francia en semifinales, pero dejaron una huella imborrable siendo el primer equipo africano en alcanzar esa instancia. Su desandar en el Mundial marcaron un norte que algunos quizás no puedan ver: se acabaron los equipos que vienen a ser partenaires de la fiesta del fútbol. La única forma de competir ante grandes selecciones es de la manera en que lo hicieron los dirigidos por Walid Regragui. Japón también encaja en este aspecto, ya que venció tanto a España como a Alemania en fase de grupos y se quedó en los penales frente a Croacia. Definitivamente, fue el Mundial más parejo desde que participan 32 equipos. Al llegar la última fecha, 27 equipos tenían posibilidades de clasificar a Octavos de Final. Se registraron grandes sorpresas, siendo la victoria de Arabia Saudita frente a Argentina la mayor de ellas.
También ha habido equipos de los cuales se esperaba más y no dieron la talla. Bélgica, Alemania y España, candidatas a pelear por un lugar de Cuartos de Final en adelante, quedaron en el camino. Los dirigidos por Luis Enrique arrancaron con un 7 a 0 esperanzador, pero ante equipos que le cerraron los caminos la tuvo dificilísima. El sistema de juego sucumbió ante la sencillez del orden defensivo. Cuando un equipo se prepara para defender de una manera y se siente cómodo con ella, el objetivo es sacarlo de esa comodidad. Lo que no se animó a hacer España, sí lo hizo Países Bajos frente a Argentina: dos centrodelanteros y que lluevan pelotas cruzadas. Objetivamente fue un acierto de Van Gaal, como también fue acertada la respuesta de Messi: se llenan la boca de buen juego pero después terminan tirando centros. Mientras sirva para alcanzar el objetivo, todo suma.
El análisis de los equipos sudamericanos tiene a Uruguay como principal derrotado, aún más que Brasil. Los del Diego Alonso fueron una sombra de aquel equipo que remontó la eliminatoria. Mucho de responsabilidad tiene el entrenador: los dos primeros partidos dejó en el banco a Giorgian De Arrascaeta, un creador de juego que la rompe en el fútbol brasileño -en donde ser el 10 no es para cualquiera-, y lo hizo ingresar en los minutos finales, sin poder dar mucho de sí. Lo puso de titular frente a Ghana cuando las papas quemaban y convirtió dos goles, pero nuevamente el DT hizo una pésima lectura: lo sacó a él y a Suarez faltando veinte minutos para el final, y con el rival en la otra cancha a un gol de la clasificación. Cuando llegó el gol coreano, ya era tarde: Uruguay se quedó sin peso ofensivo y no pudo convertir el tercer gol que le hubiera dado el pase a Octavos.
Ecuador y Brasil dieron una mejor versión. Los dirigidos por Alfaro le hicieron un partidazo a Países Bajos y llegaron al partido con Senegal con ventaja, pero no tuvieron suerte y la derrota los dejó afuera. La Canarinha era firme candidato a ganar la Copa, pero una distracción permitió que Croacia le empate el partido y luego cayera en los penales. En Brasil todavía se discute si se debe cambiar la forma de jugar cuando se gana y poner un poco de hielo al partido: que te hagan un gol de contragolpe en el minuto 116 no responde a un equipo que pretende ser campeón del mundo. Tité dejará el cargo sin lograr la sexta estrella. No diremos que la merecía, pero sí que forjó un Brasil brillante y sentó las bases para el futuro, luego de lo que fue el estrepitoso fracaso de 2014.
Para la polémica quedará lo sucedido con el arbitraje y el VAR. El primero de ellos tuvo una clara bajada de línea por parte de FIFA: intentar que ambos equipos terminasen con todos los jugadores. Apenas cuatro expulsados: uno por roja directa (Hennessey, arquero de Gales, con previa revisión de VAR) y tres por doble amarilla (de las cuales dos -Dumfries y Aboubakar- no fueron por infracciones). Tampoco se registraron acciones de juego brusco grave, pero sí situaciones que ameritaron expulsión por segunda amarilla. La misiva FIFA se vio clara en el partido entre Argentina y Países Bajos: Mateu Lahoz amonestó a 17 futbolistas, intentando de manera inútil controlar la temperatura del encuentro. Debió expulsar a Van Dijk y a Paredes, no sólo porque correspondía, sino también porque hubiese permitido controlar mejor el encuentro. Pero no se iba a poner en contra a los dueños de la pelota. También habrá que revisar las decisiones sobre el tiempo de descuento: la iniciativa por recuperar los minutos perdidos es buena, pero por momentos dio la sensación que se pasaban del otro lado y pasaron de dar poco descuento a dar demasiado. Están a tiempo de corregirlo, tal y como lo hicieron con el VAR.
La tecnología en este Qatar 2022 fue protagonista en la fase de grupos. Intervenciones mínimas y detallistas determinaron la sanción o anulación de penales y goles. Aquellos fervientes defensores del VAR comenzaron a notar que el barco en el que estaban se estaba ladeando hacia un lado. Pero tras la primera fase, la FIFA prestó atención a los reclamos y las intervenciones a partir de Octavos de Final mermaron considerablemente. Lo que se había logrado mejorando los tiempos de decisión se tiró por la borda al intervenir ante cualquier roce. El penal sancionado contra Uruguay frente a Portugal fue el punto de quiebre: la FIFA tuvo que emitir un comunicado disculpándose por la decisión del cuerpo arbitral. De cara al 2026, International Board tendrá trabajo de sobra para resolver de una buena vez por todas qué se hace con el fuera de juego. La FIFA deberá elegir entre una de sus dos propuestas: un fútbol con reglas inobjetables o un fútbol donde goles es sinónimo de espectáculo.
Lo que vendrá es el Mundial a realizarse en Norteamérica en 2026. La idea de Gianni Infantino es instituir un formato de 48 equipos. Especulaban con 16 grupos de tres equipos, pero vista la paridad y la adrenalina de una última jornada plena de incertidumbre y resultados cambiantes, decidieron correctamente revisar la disposición de grupos. La idea es viable, pero no cada dos años, tal y como quiere el mandamás de FIFA. La lucha encarnizada con la UEFA sigue, por más que la fiesta mundial del fútbol haya puesto un impasse de por medio. La imagen en la ceremonia final no dejó lugar a dudas: Infantino en una punta y Aleksander Ceferin, Presidente de la UEFA, en otra.
En muchos puntos de Europa -y en otros más cercanos también- reniegan pavadas sobre arbitrajes, arreglos y demás llantos. Encolumnados en reclamos ridículos, muchos no pueden soportar ver a una selección sudamericana en lo más alto. Las palabras de Kylian Mbappé sobre el fútbol de estas latitudes quedarán marcadas como la afrenta más grande jamás hecha. Argentina respondió con fútbol y valentía. Lionel Messi por fin tiene el título que tanto deseaba. La inmensa mayoría del mundo celebra la victoria de una persona simple que llevó alegría con sólo patear una pelota. Las quejas de aquellos policías de la felicidad quedan silenciadas ante los rugidos de los festejos: Argentina es un justo e incuestionable campeón del mundo. El fútbol argentino goza de buena salud. Le pese a quien le pese.
Periodista / Abrí la Cancha
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Al gran fútbol argentino ¡Salud!
Argentina se ha consagrado en Qatar desatando una fiesta interminable. Claves para comprender un éxito.
19 diciembre, 2022 en Deportes
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Al gran fútbol argentino ¡Salud!
Por Carlos Aira
El sueño de varias generaciones de argentinos se cumplió. Luego de 36 años, Argentina se consagró campeón mundial FIFA. Superamos a Francia, campeón mundial vigente, en un partido notable. Para los neutrales, la mejor final en la historia de los mundiales. Para nosotros, nuestras ansias y el amor a flor de piel: un partido guionado por un degenerado. Pero el título de Lionel Messi necesitaba un correlato mágico. Un 3 a 3 con todas las alternativas imaginables. Pasamos de un primer tiempo para aplaudir de pie a la salvada antológica de Dibu Martínez. Perder esta final sobre la hora hubiera sido intragable. Por suerte, el fútbol y la pelota – veleidosa y funambulesca – no llevó el festejo hacia esas tierras que presumen de libertad, fraternidad e igualdad y llenó de gloria este suelo.
La alegría es toda nuestra. ¡Toda! En este momento, millones de compatriotas están festejando en calles y plazas de toda la geografía nacional. Del Altiplano a Tierra del Fuego. De los Andes al litoral atlántico. ¡Argentina, campeón del mundo! El generoso olimpo del fútbol argentino le abre sus puertas a los nuevos héroes. Allí conviven Ubaldo Fillol, Nery Pumpido y Dibu Martínez. Tres centrales de lujo, como Daniel Passarella, Oscar Ruggeri y Nicolás Otamendi. También están Osvaldo Ardiles, Héctor Enrique y Rodrigo De Paul. Como el fútbol se juega con delanteros, no pueden faltar Mario Kempes, Jorge Valdano y Julian Álvarez. En el altar, lejos del resto, nuestras deidades idolatradas: Diego Maradona y Lionel Messi. No hagamos comparaciones odiosas: los dos son gigantes. Dentro de la cancha y en el corazón del pueblo argentino; que bien sabemos, es lo más importante.
Un equipo que respetó las mejores tradiciones de nuestro fútbol. Pero toda historia tiene un correlato. Luego del fracaso de Rusia 2018, AFA se encontró ante la espada y la pared. Con poco apoyo y ante la obligación de contratar un nuevo cuerpo técnico. Edgardo Bauza y Jorge Sampaoli habían llegado debido a un fino lobby que terminó siendo disruptivo dentro del plantel. Ante ese panorama, Claudio Tapia tomó una decisión propia de un hombre que apuesta y arriesga: un cuerpo técnico 100% Selección Nacional. Conformado por gente de experiencia de los dos ciclos campeones mundiales y conducido por hombres formados en el ciclo más éxitoso del fútbol argentino: los juveniles de José Néstor Pekerman.
Septiembre de 2018. AFA anunció a Lionel Scaloni como nuevo entrenador del equipo nacional. Estupor. ¿Qué pergaminos tenía para dirigir la Selección? Junto al nuevo entrenador estarían Roberto Ayala, Pablo Aimar y Walter Samuel. El histórico César Luis Menotti asumió como Director General de Selecciones Nacionales. Por su parte, Jorge Luis Burruchaga fue el Mánager del equipo aunque pronto se bajó del barco.
Las críticas fueron atroces. Tanto para la AFA como para el entrenador. Para colmo, el primer partido terminó con derrota 1-3 ante Venezuela. En la Copa América 2019 comenzó a verse la mano del entrenador. Desde la derrota 0-2 ante Brasil por el torneo continental hasta el sorpresivo cachetazo que nos propinó Arabia Saudita, el equipo estuvo 36 partidos invicto. En ese lapso de más de tres años, la Selección ganó la Copa América – en el Maracaná – luego de 28 años y terminó sin derrotas en la larga eliminatoria continental.
Lionel Scaloni y su bajo perfil. Tan bajo que parece no incomodarle las operaciones que soportó por parte de la prensa canalla. Luego del Maracanazo muchos se quisieron subir a la Scaloneta. Algunos lo hicieron a pesar del rídiculo de mil operaciones previas. Pero el hombre siempre se mostró inimutable. Un bicho raro. En un país de tácticos y estrategas, Scaloni dice no importarle la táctica, pero si las funciones dentro del campo de juego. El cuerpo técnico que generó algo impagable: futbolistas que desarrollan su juego sin histerias. El éxito de Scaloni obliga a repensar el rol del seleccionador. ¿Es lo mismo el éxito en clubes que en selecciones? ¿Es lo mismo dirigir todos los fines de semana que hacerlo con fechas espaciadas? Scaloni y su gente supieron plasmar su larga experiencia vistiendo la camiseta de AFA con un trabajo tan silencioso como memorable.
Otro éxito del ciclo Scaloni fue la convocatoria de futbolistas que no sólo no estaban en el radar de las mayorías: terminaron siendo definitorios. Cristian Romero, Dibu Martínez, Nahuel Molina Lucero, Alexis Mac Allister y Rodrigo De Paul son aciertos del cuerpo técnico. En la lista podemos sumar a Nicolás González, a pesar que quedó afuera del Mundial por lesión.
Volvamos a la fiesta eterna. Porque hubo un 25 de junio de 1978 y un Monumental lleno de papelitos y banderas. Un 29 de junio de 1986, cuando el Azteca se rindió ante la magia de Diego Maradona. Por suerte, tenemos este 18 de diciembre de 2022, cuando en la lejana Qatar, Argentina se consagró por tercera vez campeón mundial. Ahí están los jugadores. Festejando con sus familias dentro del campo de juego. ¿Cuando se vió algo similar? Una imagen bellísima. En tiempos de sponsors y superprofesionalismo, los jugadores argentinos decidieron festejar con los suyos. Lionel Messi junto a su mujer y sus tres hijos. El hombre que está en paz y tranquilidad con su vida y su carrera. Besó y alzó el trofeo que deseó durante toda su vida. Lo hizo con inmenso amor, como se desean las cosas de verdad.
Ahí está Ángel Di María. El otro rosarino. El Carbunin, como lo bautizó Ezequiel Siebens, nuestro relator, por el negocio familiar de venta de carbón. Una infancia difícil la de Ángel. A pesar de todo, el tatuaje en su brazo izquierdo lo dice todo: “Nacer en la Perdriel fue y será lo mejor que me pasó en la vida“. Fue uno de los jugadores más resistidos del fútbol argentino de los últimos 15 años. En su currículum puede presumir de haber convertido goles en finales olímpicas, de América y el Mundo. Ángel jugó como el crack que es; lloró como un pibe cuando Gonzalo Montiel picó el pasaporte a la gloria eterna.
Este fue el triunfo de todo el fútbol argentino. De los clubes AFA, pero también de los clubes de barrio y de pueblo, donde se formaron estos cracks. Fue el triunfo de la inmensa industria cultural que es el fútbol en nuestro país.
Gracias muchachos por este campeonato. Por haber generado una locura en este país. Porque como ya señalamos en otro momento, el fútbol es un juego, pero nosotros sabemos que es mucho más que un juego. Y hoy, ustedes lo convirtieron en un acto de amor.
Al gran fútbol argentino, ¡Salud!
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