martes, 6 de octubre de 2026

4) OCTUBRE 2026: El retiro de Messi de la Selección Nacional

El crack que transformó la manera de conducir en la Selección El legado que deja Messi para las nuevas generaciones De la resiliencia ante el fracaso al liderazgo desde la madurez y como referente del grupo. Por Lucas Gatti Lionel Messi de Argentina celebra un gol este viernes en un partido de los dieciseisavos de final del Mundial de la FIFA 2026 entre Argentina y Cabo Verde en el estadio Hard Rock en Miami (EE.UU.). EFE/ Alberto Boal Camiseta Lionel Messi deja vacante la 10 de la Selección, que ya busca nuevo dueño. EFE. EFE Hay despedidas que marcan el final de una carrera, y otras que significan el cierre de una época. La salida de Lionel Messi de la Selección Argentina pertenece a esa segunda categoría. Después de más de dos décadas en la albiceleste, el 10 desiste de un lugar que durante años pareció imposible de imaginar sin él. Pero también deja algo mucho más importante que sus goles, sus títulos y sus récords: una manera de entender el fútbol, el compromiso, la resiliencia ante el fracaso y el liderazgo que deberá ser tomado como referencia por las generaciones que vienen. Messi se va de la Selección después de haber atravesado prácticamente todas las etapas posibles. Conoció el éxito y también la frustración. Fue cuestionado, criticado, comparado, responsabilizado por resultados que muchas veces excedían su propio rendimiento y hasta decidió alejarse del seleccionado después de la derrota ante Chile en la Copa América Centenario 2016. Diez años después, el hombre que alguna vez pensó que no volvería terminó convertido en el máximo referente de una de las etapas más exitosas de la historia argentina. Ese recorrido explica buena parte de su legado. Aprender de las derrotas Quizás una de las mayores enseñanzas que deja Messi no esté en las noches de gloria, sino en las derrotas que tuvo que soportar antes de alcanzar la cima. Perdió varias finales: la Copa América 2007, el Mundial 2014, las Copas América 2015 y 2016. Durante años, cada golpe parecía aumentar la presión sobre un futbolista al que se le exigía ganar con la Selección para completar una carrera que ya era extraordinaria. Pero, como marca su entereza y personalidad, no escapó de esas frustraciones. Todo lo contrario, las atravesó. Su regreso después de aquella renuncia de 2016 terminó siendo una de las grandes demostraciones de resiliencia. Volvió, siguió y consiguió lo que durante mucho tiempo parecía imposible: ganar la Copa América 2021, la Finalissima y el Mundial de Qatar. Después llegaría otra Copa América en 2024, y una final mundialista perdida en 2026. Por eso, su historia puede ser observada por los más jóvenes desde un lugar diferente. El mensaje no es que el fracaso no exista. Es exactamente al revés: el fracaso forma parte del camino y la perseverancia cumple un rol fundamental en un deportista: nunca bajar los brazos ante las adversidades. Entonces, la diferencia está en lo que cada uno hace después. Y en ese camino, Messi enseñó que perder no obliga a abandonar. El liderazgo que no necesitó gritos Durante mucho tiempo, se discutió si Messi era un líder. La pregunta, con los años, quedó vieja. Lo que cambió no fue solamente su manera de jugar, sino su manera de conducir. En sus primeros años como capitán, su liderazgo fue silencioso. Hablaba poco, no era efusivo para entonar el himno, dejaba que sus acciones hablaran por él y cargaba con una responsabilidad enorme sin necesidad de convertirla en un espectáculo. Con el paso del tiempo, apareció otro Messi producto de su madurez. Se vio a un futbolista que comenzó a hablar más, a defender a sus compañeros, a expresar sus opiniones públicamente y a asumir el peso de representar al grupo. Su liderazgo terminó de consolidarse durante el ciclo de Scaloni, basado en la experiencia, la autoridad y la cercanía. No necesitó convertirse en otra persona para liderar. Ese quizás sea uno de los valores más valiosos de su legado: demostró que no existe una única manera de ser referente. No todos tienen que gritar, arengar o imponer su personalidad. También se puede liderar desde el ejemplo, la responsabilidad cotidiana y la exigencia propia. La Selección después de Messi La Argentina entra definitivamente en una nueva etapa. Scaloni deberá continuar con el proceso de renovación que ya comenzó a mostrar nuevas caras y nuevos referentes dentro del plantel. El cambio será futbolístico, pero también emocional. Durante años, ante cualquier dificultad, existía una certeza: Messi estaba ahí. De ahora en más, esa referencia ya no estará adentro del vestuario, porque el desafío para los que continúan será transformar todo aquello que aprendieron del capitán en una cultura colectiva. La conducción tendrá que repartirse. Y ahí aparecerá uno de los grandes desafíos del ciclo que viene: cómo reemplazarlo sin intentar encontrar otro igual a Messi, porque no habrá otro igual. La sucesión no debería consistir en buscar un futbolista que ocupe su lugar exacto, sino en construir un equipo colectivo capaz de funcionar sin depender de una única figura. El legado más difícil de medir Messi deja números que probablemente tarden décadas en ser superados: cuatro títulos que forman parte de la historia, 125 goles en la selección, asistencias, récords y una trayectoria única con la celeste y blanca. Pero su legado más importante no aparece en una estadística. Está en la posibilidad de que un chico que hoy sueña con jugar para su país entienda que puede perder una final y volver a intentarlo. Que puede ser cuestionado y seguir trabajando. Que puede liderar sin dejar de ser quien es. Que puede ser el mejor y, al mismo tiempo, entender que el equipo está por encima de cualquier individualidad. La Selección tendrá que encontrar nuevos líderes y referentes; nuevas voces. Deberá aceptar que habrá momentos en los que nadie podrá hacer lo que hacía Messi. Pero también tendrá una ventaja que otras generaciones no tuvieron: los nuevos futbolistas crecieron viendo cómo se construyó ese camino. Vieron al Messi que perdió, al que volvió y al que fue criticado. Al que se convirtió en capitán. Al que levantó la Copa del Mundo. Al que aprendió a liderar. Y finalmente, al que entendió que también había que saber cuándo dar un paso al costado. Ese es, quizás, el último gran legado de Messi. No dejar un lugar vacío. Dejar una generación preparada para ocuparlo.

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