domingo, 7 de septiembre de 2025

4) Septiembre 2025: Victor Hugo Morales en Página 12 y su regreso a la televisión

El periodista estrena programa en IP Víctor Hugo Morales: "Sigo diciendo lo que creo y siento" A su espacio en la AM750 sumará desde este lunes "La columna de Victor Hugo", un programa diario en el que analizará la realidad a su estilo. Aquí habla del paso del tiempo, la pasión, el periodismo, el poder concentrado y su vínculo con el trabajo y el ocio. function body_3(chk,ctx){return chk.f(ctx.getPath(false, ["author","title"]),ctx,"h");} Por Emanuel Respighi 3 de agosto de 2025 - 00:01 "Aprecio que haya una vigencia íntimamente inesperada por mi edad, trayectoria y traqueteo" "Aprecio que haya una vigencia íntimamente inesperada por mi edad, trayectoria y traqueteo". Imagen: Verónica Bellomo Víctor Hugo Morales ingresa al bar vistiendo un sobretodo que vuelve aún más imponente a su alargada figura. El saludo cordial y respetuoso hacia los clientes y el mozo que le traerá un té se repite a medida que sus pasos cansinos pero firmes se abren camino hacia la mesa en la que espera Página/12. La excusa de la entrevista con el periodista es su regreso a la TV en formato diario con La columna de Víctor Hugo, desde este lunes 4 de agosto a las 19 en IP, para seguir analizando la realidad sin medias tintas, con la convicción de que las cosas se dicen sin eufemismos y con nombres y apellidos. Artesano del buen decir, luchador incansable de causas justas, Víctor Hugo amplificará su voz siendo consciente de que la pelea es cada vez más desigual, pero con la misma energía de siempre. “Me siento con la responsabilidad y hasta la alegría de seguir diciendo lo que pienso”, afirma el periodista. Los 77 años a cuestas no le quitan la energía a quien durante años emocionó a la patria futbolera con sus relatos, y que desde hace un tiempo le sumó a la poética del juego la valentía de contar la realidad social y política con argumentos y un vocabulario en peligro de extinción en los medios. Desde La mañana con Víctor Hugo, el ciclo que desde hace años conduce de 9 a 13 por la AM750, hasta la divulgación de sus columnas diarias en Página/12, el periodista uruguayo hizo de la opinión un refugio necesario para muchos, cuestionando la “naturalización” del estado de cosas y señalando las arbitrariedades y las injusticias del poder real. Víctor Hugo es la voz de quienes -por falta de espacios, valentía y lenguaje- no pueden decir todo lo que sienten. Un grito que ahora sumará un amplificador más en la tardes televisivas de IP. -¿Por qué volvés a la tele? -Se dio. -¿No lo buscaste? -No. En algún momento le comenté a mi gran colaborador Julián Capasso que, aunque no sé nada de lo que es el streaming, me gustaba la idea de hacer algo a la tarde. Se lo comenté a (Víctor) Santa María en un almuerzo, y me dijo “¿por qué no venís a IP?” Y me reí, porque no tenía una ocurrencia tan grande. Y al pasar los días, lo pensé y le dije: “mirá, si me lo dijiste en serio, conversemos”. Y sí, me lo había dicho en serio. Y acá estoy. -¿No dudaste en regresar a la pantalla chica, que tiene sus propias lógicas, diferentes a las del streaming? -Me pareció que si te ofrecen una herramienta como la TV no se puede desaprovechar. Somos pocos los que tenemos una mirada de la Argentina y del mundo que se sabe más o menos cuál es, y el hecho de estar a la mañana en radio y a la tarde en TV me hace pensar que somos dos voces. Y como somos pocos los de este lado, creí que no estaba mal arrimar un soldado más. -¿El surgimiento de las redes sociales no modificaron en nada a la manera en que se producen, distribuyen y penetran las noticias? ¿Los medios tradicionales no perdieron poder? -Precisamente por eso, porque creo que cuanto más podamos sumar desde nuestro punto de vista, mejor pelea estamos dando en algo que, por supuesto, es muy difícil contra los sectores de poder, contra la derecha mediática de la Argentina, que tiene una potencia arrolladora. Pero mientras tenga una cierta energía personal y me ofrezcan trabajo, me parece que está bien asumirlo. Lo mismo sentiría si parara todo. Todos los fines de año pienso que me van a decir que “ya está”. Y cuando llega fin de año todo parece normal y sigue el programa, entonces sigo, porque me parece que es mi obligación moral frente a lo que yo mismo he creado de mí. Una especie de responsabilidad frente a la gente que me cree. O que me considera alguien que da pelea a nombre de mucha gente que no tiene cómo hacerlo. Esas ideas a mí se me presentan. O me meto en el olvido, que también es algo deseable a cierta altura y con lo que también especulo, o continúo diciendo lo que veo y siento cada vez que pueda. He recibido ofrecimientos insólitos, sobre todo cuando uno se da por finalizado en lo que tenés para hacer. -¿Vos te sentís que ya no…? -Yo siento que si me tocara no hacer nada, meterme en el olvido total, puedo hacerlo sin ningún problema. Para que eso suceda me tienen que quitar las herramientas, que yo no interese. Mientras haya interés por mí, como tengo algo para decir y me importa mucho decirlo y dar esa pelea, yo me siento con la responsabilidad y hasta la alegría de hacerlo. -¿A qué te referís con que tenés la responsabilidad de seguir haciendo periodismo?¿Te sentís esclavo de la gente que te sigue? ¿La responsabilidad es con ellos? -No diría exactamente eso, y mucho menos esclavo. Me siento responsable frente a lo que yo he creado en cierta gente que me cree y a la que no quiero abandonar. Mientras esa gente vea que yo tengo posibilidades y me siga escuchando, me siga viendo, yo me siento bien haciéndolo. Cuando yo no tenga la herramienta, lo lamento, no tengo donde. No será culpa mía. -Recién hablaste de que sentís estar finalizando una trayectoria. ¿Por qué percibís eso? ¿Es una idea tuya o te lo hacen sentir? -Por la edad. -¿Tan importante es la edad para vos? -Soy un tipo de setenta y siete años. Yo ya no tengo expectativas. De verdad, no las tengo. ¿Qué voy a ser? ¿Más famoso? ¿Voy a ganar un dinero que me cambie qué cosa, a esta altura de los acontecimientos? No hay un rubro de mi vida que no cierre hasta positivamente, te diría. -¿Sí? Qué lindo tener esa visión de lo realizado. -Le tengo una gran gratitud a la vida. Como escribió Amado Nervo, con eso de: “vida, nada me debes. Estamos en paz”. Esa es mi tesitura. Por eso si termina el año y no se renueva el contrato, me aparto sin problemas. Pero mientras me digan que puedo seguir, si es válido para el que te contrata, pues es válido para la gente. Nadie te contrata en este ambiente si vos no le importás a la gente. O por lo menos a un sector. -¿Sos de la idea de que te gustaría “morirte frente a un micrófono”? -No necesariamente. -¿Pero disfrutás del ocio, de no estar trabajando? -Ah, sí…. Soy un tipo muy amante del ocio. De hecho, estos dos años y medio que no hice TV, que no tenía nada a la tarde, que el proyecto no era prepararme para hacer el editorial que hacía en C5N, fueron de enorme felicidad. Fue notable que cuando a la una de la tarde terminaba la radio, salía y ya no pensaba en nada más, supuestamente. El día lo construía distinto. A la una de la tarde quedo libre, almuerzo, duermo la siesta, leo un poco y me voy al teatro. Echo un vistazo a Página/12 y a algún otro portal, para saber que las cosas están como cuando salí de la radio. Y si hay alguna novedad, me voy aplicando a conocerla un poco mejor. Ahora, será distinto: cuando termine el programa, me pondré a pensar qué hago para el ciclo de la tarde. ¿Qué materiales de la mañana me sirven televisivamente? ¿Cuál es el eje más importante a las 19, que no es el mismo que a las nueve de la mañana? Eso hace que siempre esté dentro de la máquina. Así vaya a dormir la siesta, me duermo con una responsabilidad en mi cabeza. De eso no cabe ningún tipo de duda. Lo único que lamento es que las obras teatrales empiezan en general a las 20, y ahora no voy a llegar a esas funciones, salvo a las que empiezan 20.30 o 21. Pero venía maquinando hacer algo más. La radio está muy fuerte, lo que hace Página/12 con mis comentarios me da una penetración muy particular, y en vez de sentir que caigo en el olvido aprecio que haya una vigencia íntimamente inesperada por mi edad, trayectoria y traqueteo, pero que es evidente que todavía está. Recibí incluso alguna otra propuesta insólita, también. Me dije, “caramba, no me había dado cuenta de que sigo interesando”. -¿No lo creías? -Sí, yo no tengo una depresión con lo que me pasa. Al contrario: tengo una aceptación con las cosas como son, dejo fluir la vida. Yo estoy bien. Me siento en condiciones de seguir afrontando mi tarea. Finalmente, lo mío pasa por una cuestión de actividad intelectual y no física. Si tuviera que hacerlo con el chasis, abandono... (risas). Todavía puedo pensar la radio o pensar la televisión o pensar escribir, que además son todas cosas que cuando me pongo a hacerlas me apasionan. Los que me escuchan saben que es muy difícil que encuentren a un tipo con más pasión de radio. Si me ven preparando lo de la TV cuando empiece de nuevo, vas a ver un tipo totalmente involucrado en eso. Y si me ves escribiendo, me vas a ver sufriendo para hacerlo de la mejor manera. (Imagen: Verónica Bellomo) -¿Y cómo hacés para mantener esa pasión por hacer y decir, con el paso del tiempo? -La militancia. Una militancia que no es partidaria. Es una militancia que es por la vida, por las ideas, por los sueños, por el mundo, por la familia, por todo aquello que te parece que vale la pena. Militar por por algo en lo que has creído toda la vida. Esa militancia, esa manera de leer un diario y sacar muchas conclusiones que el lector común posiblemente no hace, corroborar la existencia de una verdadera mafia mediática como la que tenemos hoy, encarnada en Magnetto y Clarín de una manera particular, pero con un poder tal que los otros medios caen en la fijación de agenda, en el temor, en la complicidad o en el mismo interés ideológico. No en los mismos intereses de construcción de poder y materiales que son los que caracterizan al grupo de Magnetto. Me parece que en un mundo periodístico donde no se animan a decir la palabra Magnetto, donde Clarín es sustituido por “medios hegemónicos”, donde personas que yo respeto muchísimo igual se ahorran energía de pelea no nombrándolos, que haya alguien que lo hace… No sé, no debo ser el único, pero soy el más persistente. Eso sin ninguna duda. -Una persistencia que tuvo su costo. -Con un costo importante, humanamente ya saldado… Nada me mueve desde el lugar de broncas. Lo que me mueve es mi pelea por el periodismo, devastado por esta mafia, y por el país, cuya democracia ha sido herida de muerte en 2015. El último proyecto que tengo de mi vida es un libro que se titula 2015, porque es el año en que fundieron a la democracia. -¿Por qué trazás ese año con tanta exactitud? ¿En qué lo notás? -Porque en 2015 ellos, a fuerza de brutales mentiras, cambiaron el resultado de una elección. Y de esto no cabe ningún tipo de dudas: generaron una situación en la cual vos o votabas a una chorra asesina, que era la que había construido el Estado de bienestar, o votabas a los que representaban la nobleza moral del país. Les faltó poco igual a los buenos para ganar la elección, pero les faltó. Es decir, construyeron una mayoría modesta en cuanto a los números, pero de una potencia en el ejercicio del poder inigualable. Como no hay en el mundo entero. Yo desafío que me digan lo contrario. No hay ni en Estados Unidos, ni en Francia, ni en España, en ningún país… Salvo los que viven en dictadura, que en este momento ya no les hace falta la dictadura porque controlan todo con el poder de la derecha, que es más autoritaria a veces que la propia dictadura. Yo desafío que me elijan un lugar en el mundo donde un sector de poder lo concentre tanto como en la Argentina. No hay. -¿Por qué sucedió eso? ¿Por qué la sociedad civil, los movimientos sociales, los partidos políticos, los gobiernos, no pudieron doblegarlo? -Porque ese poder concentrado consigue doblegar la resistencia intelectual de la gente. La envenena, la condiciona, la mal informa, y el resultado es el que vemos, el que el que tenemos hoy día. -¿Y no hay responsabilidad de los sectores que intentan combatir eso por no haber logrado cambiar ese funcionamiento de las cosas? ¿Hace falta un mea culpa? -No. Una de las cosas que más me molesta es la obligación que se crean que hay que hacer mea culpa. Es culpa de nada. Se está peleando contra Tyson. Yo, vos, peleamos contra Tyson, te da una paliza y al otro día el comentarista de boxeo dice: “lo que pasa es que Respighi no sacaba la mano izquierda”, o “Víctor Hugo bailoteaba mal”. No, estás enfrentado a un poder enorme. Entonces, hacer la autocrítica, salir a hacer declaraciones a la prensa… “No, lo que pasa es que manejé mal el jab”… Y tenés la cara tumefacta de la paliza que te han dado… Me parece que es lo que -encima- a la derecha se le permite exigirle a la izquierda, y la izquierda tonta, la parte tonta de la izquierda acepta tal cosa. -Pero cometer errores es parte de la vida y de la política. -Sí, ¿cuáles errores podés cometer? ¿Cuáles? El de elegir a una persona que después te da la espalda. Pero no fue un error. -¿Lo decís por Alberto Fernández? -Sí, pero no fue un error. Es una cosa que pasó, pero no lo podés poner en el déficit que vos generaste. No hay nada, absolutamente nada, que haya que reprocharse frente al colosal poder que los otros tienen. Todos los políticos que dicen que hay que hacer autocrítica son tibios, débiles y terminan siendo serviles al sistema. No es verdad que haya que hacer una autocrítica. ¿Cuál autocrítica vas a hacer del tiempo de Cristina Kirchner? ¿Que jubiló a todo el mundo, que se preocupó en tener el salario más alto de América Latina, que le dio la Asignación Universal por Hijo a millones de chicos, que creó derechos permanentemente para los sectores diferenciados y maltratados que había en la sociedad, como por ejemplo la diversidad sexual? ¿Cuál es el error que vos podés imputar? ¿Que eligió mal un Ministro de Economía? Eso no es imputable, esas son cosas que pasan. ¿No haber construido poder? ¿Cómo construís poder con continuidad? ¿De qué manera vos podés armar el poder con una sociedad que ya viene con un poder real desde el fondo de la historia, conformado por las Fuerzas Armadas, Iglesia, el campo y la élite dominante? Se robaron absolutamente todo, porque todos estos gauchos que estaban el sábado ahí, en la inauguración de la Exposición Rural, todos participan de un escandaloso robo. -¿Cuál? -El de los campos que tienen, que se los compraron a uno que lo robó, que a su vez se lo compró a otro y así. ¿Cuál fue el primero de todos? ¿Cómo se construyeron las fortunas en la Argentina? Y después de construida la fortuna hicieron los códigos: Código Civil para seguir robando, facilitándose las cosas, y Código Penal para que no se les toque nada de lo de ellos. Seguridad jurídica de la propiedad privada y listo… Todo armado, todo redondeado. Cortes Supremas que, en el mejor de los casos, en cualquier parte del mundo son conservadoras… Pueden ser decentes, pero son conservadoras. Nadie que no sea conservador, salvo excepciones como fueron Raúl Zaffaroni y en el comienzo de su gestión Carmen Argibay, es posible de que ocupe alguno de esos lugares. Pero la realidad es que las Cortes Supremas son de derecha, conservadoras, preservadoras del sistema injusto, y están para vigilar que la injusticia prospere por la eternidad. -Siguiendo tu pensamiento, pareciera que la única manera de cambiar el sstatus quo argentino y del mundo es a través de una revolución. -Las revoluciones, que tenían razón, son imposibles. Una sola ganó y sobrevivió, que es la cubana. No puedo hablar de la de China, porque no conozco en detalle y no es parte de mi cultura, pero de las revoluciones conocidas lo que pasó es que todos los revolucionarios fueron asesinados, apresados o se dieron vuelta, como pasó con muchos. Qué sé yo, la izquierda francesa del ´68, para citar un ejemplo. Lo único que le queda al capitalismo es la revolución individual. Por supuesto que hay colectivos políticos, sociales, pero finalmente, ante la derrota cotidiana habitual e inevitable de esos sectores colectivos que no no pueden construir poder, termina siendo lo que vos personalmente puedas hacer contra el sistema. ¿Cómo lográs huir del capitalismo en los efectos negativos y cómo conseguís usar el capitalismo en lo que te ofrezca de posibilidades para poder sobrevivirlo mejor? Ese asunto de la grieta -¿Cómo ves al periodismo en este tiempo, grieta de por medio? -La grieta viene desde el fondo de la historia. La grieta es Lavalle asesinando a Dorrego. La grieta es la construcción que se hizo del rosismo. La grieta son los asesinatos de de los indios para quedarse absolutamente con todo y hacer el poder económico. La grieta es un tránsito histórico entre una clase social que se siente dueña del país y los que consiguen resistir, pelear o confrontar con ese poder. Histórica grieta. Es verdad que eso se agudizó con la Ley de Medios, pero no fue una grieta que se parezca a la que verdaderamente había. Es una grieta en la cual había un “malo” designado por los supuestos “buenos”. Es una grieta con los malos, no es una grieta entre dos pensamientos distintos. -Construida por el poder político. -Por el poder económico, político y mediático y judicial. Es una ampliación de la grieta, en todo caso, porque de lo que no cabe dudas es que la derecha consolidó a partir de la Ley de Medios lo que siempre tuvo. Tenía el poder de las Fuerzas Armadas, de la Iglesia, de los ricos de la Sociedad Rural y de la UIA, según sus vaivenes. Pero desde la Ley de Medios en adelante, el efecto que se consiguió es un fortalecimiento feroz, imbatible de ese poder real. -¿Las redes sociales no ayudan a mitigar el peso del poder mediático concentrado? -En proporción, yo que no pertenezco a ese mundo, percibo que esa derechización que ha tenido la Argentina y que tiene el mundo se da en las redes sociales. Es decir, no mejoró nada. Y creo que en el mundo tampoco. Las redes fueron una esperanza en aquella época de la revolución egipcia, de lo que pasó en El Cairo. Ahí daba la sensación de que el pueblo al poder expresarse, se iba a a producir una verdadera revolución, pero eso se apagó y se convirtió en esta bazofia de lo que llamamos redes sociales, que creo que es una desgracia complementaria de todas las que corresponde vivir. Y dentro de eso, es evidente que la derecha también tiene todo el poder. ¿A quiénes pueden destruir? A los sectores confrontativos con la derecha? Lo tienen todo. En esa conclusión de que “lo tienen todo”, uno se pregunta: “¿qué hago? ¿Me voy para mi casa, me siento a esperar la muerte?" Es una posibilidad. O decir, “bueno, por lo menos les voy a decir que son unos ladrones, unos hampones, unos sinvergüenzas, unos bandidos… -Aunque sea un grito en el desierto. -Aunque sea un grito en el desierto. Si yo no pudiera escribir o decir sobre el discurso de Pino en la Rural del otro día y decir las cosas que dije, no sé las cosas que me quedarían acá atragantadas. Te enfermás. El ejercicio del periodismo quizás, a veces, evita que uno se enferme. Porque esa catarsis es individual y colectiva a la vez, ya que la gente la hace a través de los comunicadores en los que cree, de los comunicadores a los que quiere, y ahí aparece la responsabilidad. Y ahí vos sos alguien para nunca sabés cuántos, pero para un colectivo. Y a ese colectivo no es bueno ni es justo defraudarlo, porque vos lo creaste desde tu sueño. Cuando te impidan soñar, cuando te impidan ejercer la condición de un señor, vos ya no podés hacer nada, mala suerte. Escribirás un libro, te apagarás de a poco, y no pasa nada. Pero mientras alguien me diga “¿usted quiere este micrófono?” Voy a responder “Sí, démelo. Démelo, algo voy a hacer con eso”. -¿Estás de acuerdo con la frase de que “el periodismo es el cuarto poder”? -En Argentina es el primer poder. El país es la confrontación del Estado con las corporaciones. Esa es la pelea. ¿Cuál es la corporación más fuerte que existe en el país? La mediática, por lejos. No hay nada más poderoso que eso. Por lo tanto, cuando hablamos de Estado vs. corporaciones, la corporación que representa todo ese poder a través de AEA, ADEPA y todos los satélites que ellos crean, que incluye a FOPEA, sector muy vulnerable éticamente del mundo periodístico, creación del poder para fingir que hay un colectivo que defiende al periodismo, a su calidad, a su sinceridad y a su libertad de expresión… Pero lo que básicamente existe es un poder brutalmente ejercido de los medios. Podemos hacer el ejercicio, decime un tema y que yo no sea capaz de buscar cómo es que ahí aparece el grupo de Magnetto. ¿En cuál tema cotidiano? ¿Quién es el que lleva la voz cantante para que aparezcan sus menesterosos de la política a hacer lo que ellos dicen? -Néstor Kirchner supo comenzar un proceso de transformación en el país y, sin embargo, durante su gobierno otorgó la fusión Cablevisión y Multicanal. -El más grave error político, para mí, que se cometió. Ahí tenés un error, pero no es uno de los que la gente quiere que le digan. El error fue darle la posibilidad de que aumente el poder a Clarín en aquel momento, cuando siendo muy poderoso no era esto insoportable de ahora. Es fatal ese episodio, reconocido por el propio kirchnerismo, por Cristina, por Máximo... Aunque sea a la pasada lo han reflejado porque fue muy duro lo que sucedió. Intentar negociar con ellos es imposible, porque quieren todo, van por todo. No podés negociar con el que inexorablemente te va a tomar algo por encima de tu voluntad. Hay un poder extorsivo propio de las mafias. Le pasa a Milei, también. Ahí aparece el poder real contra el poder de Milei. ¿Quién esta ganando? ¿Quién tiene una cautelar que le permite hacerse cargo de todo? ¿Quién compró e invirtió 200 milloness de dólares para asegurarse quedarse con Telefónica? Milei no va a poder incomodar a Clarín a través de la Justicia. Todo lo que vaya a la Justicia se lo va a ganar Clarín. Como siempre. Lo que puede es aletargar un poco y Clarín le pega coscorrones para mostrarle que no se la va a llevar de arriba si se atrevió a pelear con ellos. La verdad es que es el único elemento de simpatía que te puede provocar Milei. La única verdad que ha dicho en su vida es que Clarín es una mafia. Lo ha dicho más de 10 veces. Lo ha dicho más que ningún otro político. No puedo ocultar que me inspira, en ese momento, una enrome simpatía. Me daría ganas de que él fuera parecido en todo a ese Milei que pelea contra ese poder que, por supuesto, lo va a devastar.

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